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CUADROS VIEJOS "La Avioneta de Jaime"

  • Apr 15, 2014
  • 2 min read

LA AVIONETA DE JAIME

Fue allá por el año 2001 que hice este cuadro. Entonces vivía en el campo.

Mientras pintaba, desde mi taller podía escuchar a un grupo de guajiros trabajar y conversar entre ellos.

Improvisaban décimas, se choteaban unos a otros y se contaban unas historias increíbles.

A veces cuando descansaban, me les unía a su tertulia y con frecuencia me recibían con algo así:


-Miren quien viene ahí, Ja¡ Este si que vive la vida compadre, con su pincelito en la mano, al fresco...echa, echa pa´ cá pa´ que cojas un poco de sol y se te quite esa pinta de sábana desteñía.


Me gustaba escucharlos Con frecuencia era difícil saber si hablaban en serio o en broma. Además, entre lo real y lo fantástico de sus relatos había una delgada línea muy fácil de cruzar.


Cierta tarde en medio de una historia, alguien mencionó un tal "gallego Jaime". -¿Quién es ese? -pregunté.

-Ya se murió...uh hace rato.- contestó Fidelito- Era un gallego flaco y bigotú que dejó a toda su gente en España y vino pa cá a hacer dinero para luego irse y después se aplatanó. Andaba recogiendo tablas viejas y palos por donde quiera.

Cuando éramos muchachos nos hablaba de su familia y de las ganas que tenía de verla.

"-Y cuando te vas gallego?- preguntábamos. -Pronto, pronto. Me falta poco para terminar la avioneta- decía siempre". Según él, la estaba haciendo de madera.

Cada vez que lo veíamos, le pedíamos que nos llevara a ver como iba quedando el artefacto.


Y así estuvieron por años, rogándole a Jaime que los llevara a ver la avioneta.

Sus padres, complices del gallego, aplazaban constantemente la visita al "hangar".

-Un día se murió.-contaban- Ya de más grandes, que nos dejaban andar por ahí, fuimos a donde vivía Jaime. Allí solo quedaban los restos de un bohío de tablas viejas y palos.


Un mes más tarde llamé a todos a mi estudio y les enseñé el cuadro. Tras la sorpresa se reían asombrados, señalaban los detalles y me daban palmaditas de aprecio en el hombro.

Pude ver en los ojos de Fidelito el brillo mientras miraba fijamente el cuadro y decía bajito:

- Miren al gallego Jaime, caray




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