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MIS HUESOS ESTÁN AHÍ


LEOPOLDO MARÍA PANERO Fue un escritor, poeta y ensayista español, encuadrado en la poesía contemporánea dentro del grupo de los «Novísimos».

Leopoldo, "poeta maldito" sabía que su mente no andaba por los mismos senderos y resquicios que el pensamiento de la gente común. Era ezquizofrénico, pero alegaba no estar loco, la locura era otra cosa, él solo tenía un leve desequilibrio químico y sabía perfectamente quien era: un poeta algo diferente al resto de los mortales.

Tuvo una obra muy extensa. Ya al final de sus días, decidió por voluntad propia, recluirse en una institución psiquatrica. Allí continuó escribiendo y viviendo de la venta de sus libros.


Dijo en una ocasión, con ánimo de "explicar" su poesía y técnica:


Contrastar la belleza y el horror, lo familiar y lo unheimlich (lo no familiar, o inquietante, en la jerga freudiana). Blake, Nerval o Poe serán mis fuentes, como emblemas que son al máximo de la inquietante extrañeza, de la locura llevada al verso: porque el arte en definitiva, como diría Deleuze, no consiste sino en dar a la locura un tercer sentido; en rozar la locura, ubicarse en sus bordes, jugar con ella como se juega y se hace arte del toro, la literatura considerada como una tauromaquia: un oficio peligroso, deliciosamente peligroso.

El último hombre (1984), Prefacio.


Un día tuve la grata sorpresa de que Leopoldo le había dedicado un texto poético a mi obra.

El texto aparecía intercalado a través de varios de mis trabajos y en primera persona, hablaba a través de mi.

Yo no sabía quien era él, y mucho menos el honor inmenso que significarían esas palabras.


Un año antes de su muerte, recluído en una institución de La Palma, Gran Canarias, el poeta escribió:


ABEL QUINTERO / MIS HUESOS ESTÁN AHÍ

Es una isla que tiene acumuladas las perfecciones de un relato visual que siempre ha sido traicionado. Yo, QUINTERO, artista cubano, lo sabré bien, que así configuro un cuento imposible e impasible, en que elhumor y la caricatura se expresan si componen una pintura de soledad.

De no ser así no se entendería la pasión que trastorna a los insulares, el tapiz verde de su espesura, la visión de su desazón y el son surrealista de su representación.

Incertidumbres de ron, tabaco y caña. También certidumbres viejas, mestizas y animistas vagando de horizonte en horizonte, en busca del follaje de la piel viva y de mirada hambrienta.

Qué extraño maleficio no deja llegar la noche, oh deshacer, deshacer con un gesto el mundo…

(Leopoldo María Panero)

26 septiembre, 2013

Cuando recibí por primera vez estas letras, ya el poeta se había ido.

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